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HISTORIA DE LA FEDE (primera parte)
Historia de la Federación Juvenil Comunista Argentina.
La FJC fue fundada durante el primer gobierno de Hipólito Yrigoyen, el primer presidente radical de la historia argentina. Luego de describir lo que acontecía política y económicamente, tanto a nivel nacional como internacional, Gilbert se adentra en la cuestión de la fundación de la FJC, tema sobre el que no hay unanimidad de criterios.
Por Hernán Kruse



Hubo un hecho en 2007 que, pese a pasar inadvertido para la opinión pública, no dejó de llamar la atención. En las elecciones comunales de la ciudad de Buenos Aires de aquel año que consagraron a Maurico Macri, sus dos competidores, Jorge Telerman, jefe en funciones del gobierno autónomo, y Daniel Filmus, candidato kirchnerista, tenían algo en común: habían sido durante los años setenta y ochenta integrantes de la Federación Juvenil Comunista (FJC). Otro competidor, con pocas chances, fue el ex jefe de gobierno porteño, Aníbal Ibarra, quien también fue miembro de la FJC. Detrás de Filmus estaba el inteligente conductor de la banca Credicoop, Carlos Heller, afiliado a la FJC durante el gobierno de Arturo Frondizi, en pleno auge del debate “laicismo versus educación libre”. Aunque cueste creerlo, funcionarios de Macri también habían sido miembros de la FJC, como la subsecretaria de Patrimonio Cultural del Ministerio de Cultura porteño, la escritora Josefina Delgado. Estos datos llevaron a Isidoro Gilbert a destacar la importancia de la FJC en la historia argentina en su documentado libro titulado “La FEDE. Alistándose para la revolución. La Federación Juvenil Comunista 1921-2005” (Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2009, 798 págs).
La FJC fue fundada durante el primer gobierno de Hipólito Yrigoyen, el primer presidente radical de la historia argentina. Luego de describir lo que acontecía política y económicamente, tanto a nivel nacional como internacional, Gilbert se adentra en la cuestión de la fundación de la FJC, tema sobre el que no hay unanimidad de criterios. El autor llega a la conclusión de que la FJC fue creada el 12 de abril de 1921: “La asunción de la fecha del 12 de abril de 1921 como fundacional de la FJC fue la culminación de un proceso dentro del socialismo juvenil, que comenzó con su adhesión al socialismo internacionalista y terminó con la homologación de nombres para el partido y la juventud. En 1924, “Juventud Comunista” informó esa fecha fundacional que, en definitiva, fue la que perduró”.
Respecto a la identidad del primer secretario general Gilbert se vale de una valiosa documentación y de irrefutables testimonios de importantes figuras del comunismo para concluir que el primer secretario general debió ser, desde 1917 (cuando aún no era oficialmente la FJC) hasta mayo de 1922, Luis Koiffmann, quien ese año fue expulsado de la organización por enfrentar al Comité Ejecutivo del Partido Comunista Argentino (PCA) en relación con el “Frente Único”.
Durante la década del veinte el comunismo argentino sufrió la represión del poder político. La primera víctima fue Bautista Senra Pacheco, detenido junto con otros compañeros de militancia durante la huelga general del 1 de mayo de 1921. Sin embargo, la gran tragedia para el comunismo vernáculo de los veinte se produjo el 26 de diciembre de 1925 (presidencia de Alvear) cuando fue asesinado Enrique Müller, quien era por entonces Secretario General de la FJC. “Eran los tiempos”, narra Gilbert, “en que se impulsaba la “bolchevización” de los comunistas, el sesgo que, de un lado al otro del planeta, aceptaron los seguidores del Partido Comunista Ruso y que, desde los tiempos de Lenin, distinguía a la fracción mayoritaria del Partido Social Demócrata Ruso”.
La FJC tuvo una relevante actuación en los ámbitos deportivo y universitario. Enemiga del profesionalismo, la FJC dedicó todas sus energías para desarrollar el deporte amateur a través de la Federación Deportiva Obrera (FDO), creada bajo su impulso en 1924. Favorecido por la condición de “partido legal” del PCA, la FJC dio sus primeros pasos en el ámbito universitario. En esa época adquirió relevancia el joven Héctor Agosti, quien ingresó en la Facultad de Filosofía y Letras y fundó, con la ayuda de otros jóvenes, la agrupación Insurrexit. En 1933 escribió, influenciado por el teórico marxista Aníbal Ponce, “Crítica de la Reforma Universitaria”, un duro cuestionamiento al movimiento reformista de 1918.
¿Qué sucedió con la FJC en la década del treinta? Gilbert, luego de brindar una detallada descripción de lo que acontecía en Argentina y en el mundo, dice en relación con el comunismo argentino: “El comunismo mantuvo, con matices, la postura de los años veinte. A poco del golpe de Estado (el encabezado por Uriburu), un delegado ante la Internacional Comunista, bajo la firma “Gálvez” (seudónimo de Luis V. Sommi), hizo el primer esbozo de autocrítica el 2 de octubre de 1930, al decir que el PCA “subestimó la fuerza de la oposición burguesa” y que la situación para los comunistas era “muy delicada”. El comunismo argentino sufrió una severa represión y, para colmo, la Internacional Comunista no veía con buenos ojos al PCA. En un documento de 1932 el Buró Político destacó lo que a su criterio era la incapacidad del comunismo argentino de transformarse en un genuino partido de masas. También criticó al PCA su menosprecio por el trabajo de la FJC.
En aquella época el ascenso de Hitler al poder en 1933 acaparó la atención del comunismo vernáculo. Los hijos de italianos que eran miembros del PCA, miembros aquellos de la FJC, potenciaron un sentimiento antifascista que caló hondo en amplios sectores del pueblo. A ello había que agregarle la alarma que sonó a nivel local a raíz de la irrupción del nazismo.
“En el treinta”, relata Gilbert, “se inició un período de proscripción del PC que se prolongó, entre la ilegalidad absoluta y la semiclandestinidad, hasta 1945. Más tarde, la vida del comunismo estuvo, en general, signada por la represión estatal. La FJC tuvo en esta década detenidos frecuentes, algunos por varios años. En esos tiempos no hubo detenidos ilegales, pero con frecuencia inusitada se dieron los procesamientos de militantes y los fallos fuertes. Los jóvenes Carlos Bonometti y Bilbao fueron condenados a perpetua como secuela de dos huelgas de alto voltaje. A mediados de esa década, la campaña de reclutamiento para engrosar la FEDE se realizó bajo el nombre de Bonometti. Para 1942, según el periódico Avanzada, el número de jóvenes comunistas detenidos en Tierra del Fuego alcanzó a doce”.
Mientras el poder político apañaba el Congreso Eucarístico y las ligas patrióticas para garantizar el orden y la seguridad, fueron numerosos los artistas e intelectuales que apoyaron decididamente a las víctimas de la represión. Fruto de esa militancia fue la creación de la Asociación de Intelectuales, Artistas, Periodistas y Escritores (AIAPE), presidida por Aníbal Ponce.
Entre 1937 y 1938 la FJC universitaria se nutrió de jóvenes talentosos que le dieron la amplitud mental que necesitaba: Miriam Polak, Manuel Sadosky, Mario Bunge, Oscar Varsavsky, León Klimovsky y Boris Spivakov, entre otros, merecen ser mencionados. Por su parte, el sector gremial de la FJC miraba con desconfianza al sector intelectual, al que consideraba demasiado aristocrático, poco proclive a comprender las necesidades de la clase trabajadora.
La Fede fue protagonista de la histórica huelga de la construcción de fines de 1935 y principios de 1936. “Esta huelga”, narra Gilbert, “que comenzó con una huelga por reivindicaciones económicas y por el reconocimiento sindical, se fue radicalizando hasta llegar a la huelga general en Buenos Aires, en enero de 1936, que tuvo características casi insurreccionales. Se retomaron así la tradición y las prácticas de acción directa (huelgas, piquetes, movilización callejera, métodos de autodefensa, solidaridad activa y agitación). Esa huelga terminó con una importante victoria, sobre todo por el reconocimiento de la Federación Obrera Nacional de la Construcción (FONC)”.
Debido a la represión que sufrió el PCA la dirección política recayó en manos de la FJC. En marzo de 1939 adquirieron relevancia dirigentes juveniles como Jacobo Cosín, Juan José Real y Armando Cantón. Pero durante el período 1940-41 Rodolfo Ghioldi y Victorio Codovila retomaron las riendas del comunismo argentino. Había triunfado la línea opuesta a todo “desviacionismo”(es decir, la tendencia a acordar con fuerzas burguesas como el radicalismo), partidaria, por ende, de “fortalecer la construcción del partido, su carácter obrero y la política unitaria”.

hkruse@fibertel.com.ar


 
 
 


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